martes, 30 de octubre de 2012

Penal de Cuatro Torres, La Carraca


HACE unos meses, en la puerta del penal Cuatro Torres, en La Carraca, Asdrúbal Aguiar, un muy importante intelectual y político venezolano, ex ministro de la República, de la que llegó a ser Presidente accidental, con mucho convencimiento y convicción, me aseguró que se llegaría a un acuerdo con el Estado español sobre esta reliquia del siglo XIX en donde purgó una condena Francisco de Miranda, a quien traicionó Bolívar cambiando la historia revolucionaria hispano americana.
Miranda fue un "reo de Estado". En la primitiva biografía del generalísimo, obra del Hermano Nectario María, queda bien establecido. El gran historiador Guillermo Morón, también en la estancia del viejo penal de la Armada, en los años 80, me lo explicó con todo lujo de detalles. "Tan reo de Estado era -me dijo entonces Morón- que hasta le permitían "visitas femeninas". Sin embargo, en el imaginario nacional venezolano, ha hecho historia un cuadro de Michelena, pintor romántico, que retrata a un Miranda recostado sobre un jergón, en una mazmorra de las de grilletes en la pared junto al mar... de La Carraca.

La noche que Bolívar traicionó a Miranda es la última obra que sobre el Libertador se ha publicado. Se trata de una espléndida novela de J.J. Armas Marcelo, devoto antiguo del revolucionario de origen canario. Una anterior, de finales de los 80, escribió Denzil Romero, compatriota de Miranda, La tragedia del Generalísimo, uno de los mejores libros que yo he leído en mi vida. Quiero decir que todo esto es una muestra pequeña del crecimiento de Francisco Miranda en la actualidad venezolana. Se ha dicho que Venezuela estaría interesada en las Cuatro Torres. Pero los pasos van por Cuatro Torres penal, no Cuatro Torres Cádiz. La confusión se hace lógica con la distancia. Pero las Cuatro Torres que se conocen del Libertador son las del penal en donde murió, el Arsenal en cuyo pequeño cementerio fue enterrado, el lugar emocionante que visitan los venezolanos con verdadera unción. Y, por supuesto, el que ya estaría en preparativos de hacer algo si Hugo Chávez, bolivariano más que mirandino, no hubiera ganado las presidenciales. No sería una compra del inmueble sino un protocolo de Estado, una petición a los españoles para que el viejo penal fuera rehabilitado completamente y destinado a Museo de Miranda y a lugar de encuentro iberoamericano, en el marco excepcional del Arsenal histórico de La Carraca. Es lo que me dijo Asdrúbal Aguiar dentro del laberinto de su emoción por el sitio, el conocimiento real de la historia del revolucionario y los entresijos de la realidad venezolana, que ha llegado a vivir en una suerte de exilio interior, como tantos otros intelectuales y políticos venezolanos de la oposición a Chávez y al chavismo bolivariano, que los abochorna con su populismo y asusta con la violencia incontenible del día a día de aquella nación maravillosa.


(Fotos E.M.S.)

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